1/12/10

LA MEGAMINERÍA A CIELO ABIERTO : CRIMEN DE LESA HUMANIDAD

Diana Duque Gómez


Las circunstancias económicas actuales están marcadas por un control absoluto y un crecimiento desmesurado del capitalismo monopolista, encarnado en la sinarquía* dueña de las grandes corporaciones y multinacionales que han entretejido su decisivo y liberticida dominio económico y político a través de los Estados (mercantilismo). Así, afirma Erich Fromm que “un pequeño grupo, del cual depende el destino de gran parte de la población, ejerce un poder enorme sobre la sociedad”(1).

La economista Hazel Henderson afirma que “en la mayoría de las sociedades industrializadas, gigantescas instituciones corporativas controlan el suministro de mercancías, crean demandas artificiales mediante la publicidad y ejercen una influencia decisiva en las políticas nacionales. El poder económico y político de estos gigantes corporativos impregna todas y cada una de las facetas de la vida. Los mercados libres desaparecieron hace mucho tiempo”(2). La concentración cada vez mayor del capital y la riqueza en estas grandes corporaciones hace imposible la libertad individual y, por tanto, la independencia económica, la iniciativa, la creatividad y, obviamente, la competencia libre, instaurando la esclavitud generalizada, el saqueo y destrucción de la naturaleza y las crecientes pobreza y enfermedad.

19/9/10

POR UNA SOCIEDAD LIBERTARIA

Diana Duque Gómez

Se denomina sinarquía el grupo de personas dueñas del capital financiero, de las corporaciones, de los monopolios, de los grandes negocios y del Estado, que deciden en beneficio propio los asuntos políticos y económicos de un país a través de ese Estado, instrumento fundamental de la dominación y expoliación del ser humano.

El sistema económico y político imperante en el mundo es el mercantilismo, resultado del fortalecimiento del poder liberticida del Estado. El mercantilismo es el régimen que mantiene el poder de la sinarquía a través del Estado y que está basado como afirma Vargas Llosa en todo “un sistema de privilegios pactados entre el poder político y los grupos empresariales influyentes, que garantiza a éstos monopolios y prebendas y que los salvaguarda de tener que competir”(1). Expresa Enrique Guersi que “esencialmente el concepto de mercantilismo se asocia al de una economía políticamente administrada, donde la competencia económica se transforma en una competencia por privilegios o rentas a obtenerse del Estado sin que necesariamente exista contraparte productiva... la empresa como privilegio, la ley como discriminación y la propiedad como restricción caracterizan el mercantilismo”(2).


El sistema mercantilista le procura a la sinarquía la conservación de la propiedad del Estado, garantizándole perversamente los monopolios esenciales: dinero, tierras, gran industria, aranceles y tarifas, patentes e información. Así, el Estado limita y en muchos casos elimina el acceso a las actividades económicas a nuevos empresarios, con unas leyes que asignan la riqueza y mantienen los monopolios, con la enmarañada y mafiosa tramitomanía, con el ardid de las patentes –uno de los mecanismos más siniestros de censura o apropiación de las nuevas ideas y del usufructo de la naturaleza- y con unos impuestos y aranceles expropiadores. Convirtiendo, de esta manera, la economía de libre mercado en una gran falacia. Cuanta razón le asiste a Murray Rothbard cuando señala que “el Estado es la vasta maquinaria de la delincuencia y de la agresión institucionalizadas, la ‘organización de los medios políticos’ con el objetivo de enriquecerse... el Estado es una organización criminal coactiva que se apoya en la institución de un sistema de impuestos-latrocinios de amplia escala y se mantiene impune porque se las ingenia para conseguir el respaldo de la mayoría, al asegurarse la colaboración y la alianza de un grupo de intelectuales que crean opinión y a los que recompensa con una participación en las esferas del poder y de su botín”(3).

La imposición del mercantilismo ha llevado a una reducción constante de la libertad individual, a la creciente concentración de la riqueza , de la industria y naturalmente del poder político en manos de esa sinarquía mundial. Según David Rothkopf, esta sinarquía está compuesta por 6.000 personas entre las que hay incontables lazos que las vinculan entre sí: familiares, asociaciones empresariales, inversiones, participación en las juntas directivas, vínculos universitarios, relaciones forjadas a través del trabajo o a través de los negocios. Cada nación es un club privado. El club incluye algunas familias claves. En la práctica, esta élite controla el 85% de la riqueza global y el 2% de la sinarquía posee la mitad de la riqueza del planeta. Lo que conlleva a que la verdadera desigualdad sea brutal. Esto se refleja dramáticamente en que de las 6.800 millones de personas que hay en el mundo, la mitad de ellas viven con menos de dos dólares por día (4).

Pero el gran poder de esa sinarquía radica en el control, cada vez mayor, del ser humano llevado a cabo mediante la manipulación de los pensamientos, sentimientos y gustos del individuo plasmados en una cultura que forja un carácter social del tener que impone los valores de la codicia, el lucro, la fama y el consumismo; todo esto acompañado de la promoción del fetiche estatista, esclavizador, destructor de la capacidad creadora y de la iniciativa libre, generador de apatía e impotencia, donde el ser humano es reducido a simple engranaje de una máquina burocrática. El ser alienado en el tener, afirma Erich Fromm, “no debe producir ni crear algo nuevo. De hecho, los individuos del tipo del tener se sienten perturbados por las ideas o los pensamientos nuevos”(5). Esta dominación del ser humano es reforzada por el Estado con el monopolio de la coacción y legitimado por los intelectuales, los cuales han promovido el gran sofisma del Estado como redistribuidor de la riqueza y proveedor de la justicia social. Como afirma Dalmacio Negro “la doctrina y la ciencia política contemporáneas apenas tienen como objeto que justificar el Estado y su actividad” (6).

Reviste particular importancia para los dueños del poder hacerse con el control del sistema educativo para moldear las mentes y los corazones, imponiendo al ser humano unas falsas creencias y unos conceptos liberticidas, orquestados en un paradigma dominante materialista-mecanicista-darwinista, supercherías bendecidas como “verdad” en los altares de una ciencia oficial, según las cuales, por ejemplo, la naturaleza se caracteriza por la competencia despiadada y por la supervivencia del más fuerte (darwinismo) convirtiendo la vida en un campo de batalla constante, llena de sufrimiento, pobreza, injusticia y guerra. De donde se desprende muy convenientemente que el ser humano es un “salvaje” que necesita ser gobernado por la sinarquía a través del Estado para protegerlo de sí mismo.

Afirma el biólogo español, profesor investigador de la Universidad Autónoma de Madrid, Máximo Sandín que “el darwinismo surgió en los países anglosajones donde la concepción calvinista del mundo sostiene que el hombre es egoísta por naturaleza... y que los más aptos, los más elevados y bendecidos por la naturaleza, son los que tienen ‘derecho biológico a ser caudillos y dirigentes’. Como decía Francis Galton, primo por cierto de Darwin y fundador de la Eugenesia... el darwinismo fue desde el principio una especie de montaje llevado a cabo por gente influyente como Huxley o Hooker, científicos prestigiosos y con mucho poder en Gran Bretaña, porque se adecuaba a sus propias creencias. Porque lo cierto es que se silenciaron las voces de los científicos discrepantes y se estableció el darwinismo que no es más que una forma de ver la vida muy conveniente para las clases que dominan el mundo. Porque eso de que la vida es competencia y de que los más aptos están llamados a dominar les viene muy bien a los dominadores”. Y agrega Máximo Sandín que “todo el paradigma biológico creado en torno a la selección natural –es decir, a la Teoría de la Evolución de Charles Darwin, epicentro hoy del mundo no sólo natural sino social- carece de base científica... Lo que nos debe preocupar es el montaje darwinista porque es el que dirige y controla la docencia y, sobre todo, la investigación, y el que impone su visión ‘científica’ de la vida y de la sociedad, la que ha llevado al mundo a la situación actual”(8).

Por su parte, el materialismo, de acuerdo con el diccionario, “sostiene que todo lo que existe es materia, o al menos depende de ella. En su forma más general afirma que toda realidad es esencialmente material”(9). Un desarrollo notorio del materialismo se dio con el modelo mecanicista de Newton y Descartes en el que se considera al mundo como una máquina: la materia es sólida y está constituida por diminutas partículas que se mueven de acuerdo a leyes de la naturaleza que pueden describirse con absoluta certeza. Esto es, “un mundo no viviente de objetos inanimados”(10). Es un universo donde no tiene cabida la conciencia ni la espiritualidad. En síntesis, este modelo declara que “somos estrictamente pequeñas máquinas que vamos por ahí en un predecible universo maquinal gobernado por leyes inmutables”(11).

El materialismo mecanicista, al separar la mente de la materia y negar el espíritu o la conciencia, impuso una visión reduccionista del inmenso potencial humano creando grandes limitaciones a la vida. El único valor básico que los materialistas sacan a relucir es el instinto de supervivencia, “la máquina genética quiere perpetuarse”. El universo material o naturaleza, incluido el ser humano, se ve de manera simplista como una máquina gigantesca que podemos comprender desarmándola y que se oxida y deteriora de manera inevitable (entropía). Este erróneo enfoque al considerar que el mundo fuera de nuestra mente no es más que materia sin vida, que actúa según leyes predecibles y mecánicas, y desprovista de toda cualidad espiritual, nos separó de la naturaleza que nos sustenta, nos alienó de nuestras potencialidades y creó una cultura sustentada en el miedo. En esta forma de pensar no puedo cambiar nada porque yo no desempeño ningún papel en la realidad. La falsa creencia nos dice que la realidad ya está allí. El observador no tiene ningún rol. Señala la investigadora lynne Mcttaggart: “Está visión de separación, es una de las cosas más destructivas... Ahora nos damos cuenta de que el paradigma oficial está equivocado. No estamos separados. No estamos completamente solos”(12). Por el contrario, la nueva ciencia, ciencia con conciencia, nos da otra perspectiva: nosotros por el simple hecho de observar estamos afectando la realidad, somos participantes, creamos nuestra propia realidad. Todo está íntima y sutilmente interconectado en un universo viviente.

Los nuevos descubrimientos cuánticos nos hablan de un universo orgánico, inteligente y holístico, esto es, cuyas partes están interconectadas y se influyen mutuamente. Un aspecto esencial es que “la física cuántica ha borrado la marcada distinción cartesiana entre sujeto y objeto, entre observador y observado, que ha dominado a la ciencia durante cuatrocientos años. En la física cuántica, el observador influye en el objeto observado. No hay aislados observadores de un universo... la conciencia es considerada como un componente fundamental de la realidad”(13). Como afirma el físico Amit Goswami “la conciencia es la base de todo ser”(14). En síntesis, citando al astronauta Ed Mitchel: “Si cambiamos nuestra mentalidad acerca de quienes somos y podemos vernos como seres creativos y eternos , que generan la experiencia física, unidos en ese nivel de existencia que llamamos ‘conciencia’, entonces empezaremos a ver y a crear este mundo en el que vivimos, de manera muy diferente”(15).

Ajenas a toda esta revolución de las creencias que afirman la soberanía individual, las fosilizadas corrientes políticas tradicionales, de derecha e izquierda, promulgan la expansión del Estado, con algunas diferencias de matices. Así, el objetivo fundamental de la “izquierda”, extrema y “democrática”, es fortalecer aún más el Estado, más control sobre el individuo, más policía, más trámites, más impuestos, con el mentiroso discurso de la “justicia social” y con una sociedad organizada parasitariamente en torno a ese Estado.

Hoy como nunca, el ser humano es un esclavo sometido a la vigilancia constante, a la persecución y violencia de los agentes del Estado, sean estos “democráticos” o totalitarios, y todo dentro de la más absoluta legalidad o Estado de derecho. En este entorno de esclavitud la “justicia”, uno de los mitos políticos modernos, se ha convertido en el gran terror del ciudadano del siglo XXI. El ser humano sufre un miedo constante de ser involucrado en un proceso judicial, esto es de ser empapelado durante años por las mafias del Estado, convirtiendo, de esta manera, a la “justicia” en un arma contra el ciudadano y las libertades individuales y, sobre todo, en una censura a la libertad de expresión.

Ante el dominio político de estas corrientes estatistas –totalitarias por naturaleza-, de izquierda o de derecha, que amenazan de muerte la libertad individual se alza como verdadera alternativa el libertarismo, que afirma como valor supremo la libertad individual en cuya base está la propiedad privada no monopolista y la ética natural. El libertarismo reconoce, como bien señalara Murray Rothbard, que “el Estado es un enemigo parasitario de la sociedad y que crea una élite dirigente que domina a los demás ciudadanos y obtiene sus ingresos mediante coerción”(16), por lo que promulga la abolición del Estado y en su lugar el desarrollo de una organización social cimentada en la iniciativa, participación y cooperación individuales, en las asociaciones voluntarias, en las comunidades autónomas, en el desarrollo del espíritu local y en la federación libre.
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NOTAS :

1. El desafío neoliberal, Barry B. Levine compilador. Grupo Editorial Norma, Colombia, 1982, pág. 322; 2. Ídem., pág. 450; 3. Murray Rothbard, La ética de la libertad. Unión editorial, Madrid, 1995, págs. 253 y 239; 4. David Rothkopf, El club de los elegidos. Ediciones Urano, España, 2008, págs. 95, 153, 80, 122 y 67; 5. Erich Fromm, Tener o ser. Fondo de Cultura Económica, México, 1976, pág. 44; 6. Dalmacio Negro, La tradición liberal y el Estado. Unión Editorial, España, 1995, pág. 240; 7. Ídem., pág. 187; 8. Revista Discovery Salud No. 125, ¿Realmente son las Bacterias y los virus responsables de la mayoría de las enfermedades?; 9. Diccionario del pensamiento marxista, Tom Bottomore, Editorial Tecnos, Madrid, 1984; 10. William Arntz, Betsy Chasse y Marck Vicente, ¿¡Y tú que sabes!? Editorial Kier, Buenos Aires, 2007, pág. 17; 11. Ídem., pág. 18; 12. Ídem.; 13. Ídem., pág.81; 14. Ídem., pág. 70; 15. Ídem., pág. 83; 16. Murray Rothbard, Hacia una nueva libertad. El manifiesto libertario. Editorial Grito Sagrado, Buenos Aires, 2005, pág. 357.


Bogotá, septiembre 19 de 2010



20/5/10

EL ORIGEN DEL PROYECTO SOCIALFASCISTA DE MOCKUS

Diana Duque Gómez

La historia de la humanidad ha sido la lucha del ser humano por conservar y ampliar su libertad individual y su independencia atacadas constantemente por toda clase de poderes autoritarios, siendo el mayor de ellos el Estado. Expresa el investigador e historiador Dalmacio Negro que “ser liberal en el sentido original exige oponer la libertad a la razón de Estado, pues significa, decía Leo Strauss, ‘practicar la virtud de la liberalidad’, confundiéndose ‘el hombre verdaderamente liberal con el hombre virtuoso’”(1). Porque es con la dinámica inmensa de su libertad individual y su creatividad que el ser humano despliega todas sus potencialidades constituyendo sociedades libres basadas en la cooperación natural, esto es, como dijera Hayek, en “el orden espontáneo y no en el orden por decreto”.

Mundialmente asistimos al reforzamiento del poder totalitario del Estado con sus diferentes ropajes, a saber, democrático, benefactor, comunitario, socialdemócrata, social de derecho, etc., y a la proliferación de fundaciones y de innumerables organizaciones que lo promueven colocando en inminente peligro de muerte la libertad individual.

El totalitarismo es una concepción política de la dominación total sobre el individuo y sobre la sociedad a través del Estado cuya característica fundamental es el monopolio de la violencia y de la expoliación para coaccionar, intimidar y expropiar. Nadie está a salvo del poder totalitario. En general, el totalitarismo es de izquierda (socialismo) o de derecha (fascismo) o una combinación de los dos (socialfascismo). En la actualidad, el totalitarismo plenamente consolidado es el abiertamente comunista como el de China, Corea del Norte y Cuba, donde la libertad individual y la propiedad privada están completamente abolidas.

Uno de los orígenes del movimiento mockusiano lo encontramos en una empresa alemana, GTZ, que ha logrado de manera muy eficaz adentrarse en los asuntos políticos de 130 países (2) para difundir el dogma social- fascista de “todo dentro del Estado, nada fuera del Estado, nada contra el Estado”. Esta ideología totalitaria del siglo pasado que hoy se presenta como una renovación de la política y con un disfraz altruista que propugna por la “legalidad”, la “paz” y la “educación”, “legitimada” por la fraudulenta democracia electoralista, pretende fortalecer al máximo el poder del Estado para sofocar cualquier manifestación de libertad individual y lograr un control estatal absoluto, tal como sucedió en la Alemania nazi, en la Italia fascista, en la Unión Soviética y como ocurre hoy en la Venezuela chavista y comienza a darse en casi toda América Latina.

La Agencia de Cooperación Técnica Alemana, GTZ, fue fundada en 1975 por Erhard Eppler, un sagaz político y exministro alemán, exnazi (3), perteneciente al ala izquierdista del Partido Socialdemócrata. Con la “cooperación” de esta agencia se desarrolló el movimiento creado por Antanas Mockus Visionarios por Colombia que hoy (2010) lo tiene como uno de los candidatos favoritos a la presidencia de Colombia por el Partido Verde, el cual fue fundado en 2005 por los reinsertados y amnistiados del M-19 Carlos Ramón González Merchán y Héctor Elías Pineda (4). Hace menos de un año, en junio de 2009, Antanas Mockus viajó a Alemania invitado por GTZ para asistir al Diálogo de Eschborn 2009 (5), un foro anual que realiza la GTZ desde 1998 sobre tácticas y estrategias políticas.

La encargada de coordinar la campaña presidencial de Mockus en las regiones, Viviana Barberena, “conoció a Mockus en 2008 mientras trabajaba para la Agencia de Cooperación Técnica Alemana GTZ, que colaboraba con el proyecto del movimiento Visionario.(...) A finales de ese año, Barberena dejó su trabajo en la fundación y comenzó a trabajar con el candidato del Partido Verde”(6). Cuando trabajaba para GTZ Barberena nunca ocultó su rechazo a la libertad individual. Por ejemplo, según el diario La Opinión, en febrero de 2009 en una reunión en Cúcuta con los alcaldes de diferentes municipios de Norte de Santander, Barberena vociferó: “El individualismo asfixia a los nortesantandereanos”(7). Como sabemos individualismo es la palabra peyorativa que se utiliza para atacar la libertad individual.

La GTZ que tiene más de 30 años de experiencia en Colombia mantiene estrechas relaciones con influyentes organizaciones colombianas de izquierda como el CINEP (8), centro de investigación y de información de la Teología de la Liberación, el sector marxista cristiano de la Iglesia Católica, y se ha introducido en nombre de la cooperación y la paz en muchísimos estamentos colombianos, públicos y privados, de derecha e izquierda, entre los que están casi todas las principales universidades colombianas como la Universidad Javeriana, la Universidad de los Andes, la Universidad del Rosario y la Universidad Nacional, etc. desde donde salió la llamada Ola Verde (Ver la película La Ola) y “coopera” en un sinnúmero de proyectos en todo el país (9). Entre las actividades de la GTZ y el CINEP se encuentra también la publicación conjunta de libros (10).

Recordemos que el totalitarismo de izquierda (en la época del estalinismo) en una operación de submarinismo dentro de la Iglesia Católica engendró finalmente en los años sesenta la corriente de la Teología de la Liberación con sus obispos, sacerdotes y comulgantes. Como señaló el informe-denuncia del cardenal Wyszynski, en 1963, “se trata, en suma, no de ‘liquidar’ a la Iglesia, sino de sojuzgarla y ponerla al servicio de la revolución comunista”(11). Revela Ricardo de la Cierva que “Alemania es un centro ideológico y financiero de los movimientos liberacionistas”(12). Uno de estos movimientos, la Iglesia Evangélica Alemana “es una poderosa iglesia con un gran poder bancario, basado en unas poderosas inversiones en los mejores bancos de Suiza, Austria y sobre todo Alemania... Lo que muy pocos saben es que de los fondos de la Iglesia Evangélica Alemana ha salido, en estos últimos treinta años, mucho marco alemán y franco suizo (hoy euro) para la Teología de la Liberación. (...) Precisamente ahora están en casi toda América del Sur en misiones de captación evangélica, y están invirtiendo y fundando misiones por toda América Central”(13). El presidente del sínodo de la Iglesia Evangélica Alemana es Erhard Eppler, el mismo que fundó la Agencia de Cooperación Técnica Alemana, GTZ, (14) de quien Leonardo Boff, una de las estrellas de la Teología de la Liberación, exaltó: “Hoy os presentamos un rebelde de primera calidad: Erhard Eppler . Es uno de los pocos intelectuales entre los muchos políticos alemanes”. Por su parte Herbert Wehner uno de los contradictores de Eppler en el Partido Socialdemócrata lo llamó “un pietcong”, una mezcla de fanático religioso (pietista) y guerrillero vietcong (comunista) (15).

En sus palabras, el postulado central de GTZ es “el fortalecimiento del Estado de Derecho (como hizo Chávez en Venezuela con una Constitución hecha a su medida. N. de la a.)” (16) del cual se derivan los fundamentos socialfascistas de la campaña mockusiana, sintetizados en frases programáticas como “reforzaremos la presencia del Estado en todo el territorio nacional”, “se consolidará el monopolio estatal del uso legítimo de la fuerza”, “la justicia por mano propia será institucionalmente perseguida y socialmente rechazada”. Con esto último se decreta de antemano el fin de un derecho humano primordial, el derecho a la legítima defensa individual y colectiva. Todo lo anterior quedó concentrado en el perverso slogan de “Legalidad democrática”.

Para rematar el programa mockusiano dice que “dos colombianos cualesquiera se reconocerán unidos por el deber de acogerse a la misma Constitución”, según lo cual los colombianos no se unirán como tales por su territorio, su historia, su cultura, su idioma, sus sentimientos, su espíritu libertario sino por la Constitución del 91, considerada por el M-19 como su Constitución (17).

Al respecto, en un documento titulado “18 años de la Constitución Política de 1991” Mockus y sus compinches firmantes se duelen de que la Constitución de 1991, la Constitución antiliberal del M-19, cumple “18 años durante los cuales se han hecho 28 reformas, algunas de las cuales han amenazado con desdibujar una de las más grandes conquistas democráticas de los colombianos (...) que contó con la activa participación de movimientos insurgentes recién incorporados a la vida civil (...) 28 reformas a la Constitución de 1991, muchas de las cuales amenazan el espíritu del consenso social, el pacto de paz, el Estado social de derecho...”. Y concluye: “Con el fin de recuperar el espíritu de la Constitución de 1991 y superar los factores de riesgo mencionados, hacemos un llamado nacional para ratificar el consenso como pacto de paz fundante del Estado social de derecho colombiano y preservar la Carta Política (del M-19. N. de la a.) como ley de leyes, a fin de (...) sentar las bases legales y constitucionales para la reconstrucción de un nuevo país” (18). Es decir, para refundar la República, una república social fascista.

La libertad individual de todos los colombianos se encuentra gravemente amenazada, como nunca, por el fascistoide contagio juvenil que se ha desatado en apoyo del candidato socialfascista Antanas Mockus. Este profesor, cuya formación primordial –que es la que recibe el ser humano hasta los seis años y que da lugar al subconsciente-, se formó en un hogar que por su origen lituano en su esencia nunca vivió una cultura liberal. En su epigenética, esto es, en la experiencia de sus ancestros, sólo han existido culturas autoritarias como el zarismo, el estalinismo, el nazismo y de nuevo el estalinismo hasta 1991.

La enfermedad de Parkinson que padece Mockus es consecuencia de su carácter. La nueva medicina tiene muy claro que detrás de cada enfermedad existe un factor emocional desencadenante. Louise Hay, una popular y reconocida investigadora de este tema, en su libro Sana tu cuerpo, establece la causa probable de la enfermedad de Parkinson: “Miedo e intenso deseo de controlarlo todo y a todos”(19).

Posteriormente el candidato Mockus continuó su educación bajo el influjo intelectual de diversos autores de estirpe autoritaria como Immanuel Kant, ideólogo del dogma estatista, el rechtsstaat, donde “la coacción constituye un requisito imprescindible para realizar la moralidad”(20); en el caso de Mockus la moralidad socialfascista. El resto de su preparación la adquiere en Europa y en el principal centro intelectual de la izquierda colombiana la Universidad Nacional donde fue rector y completó sincréticamente su ideología estatista conformada por ideas kantianas, marxistas, trotskistas, estalinistas, maoístas, fascistas, etc., de todo menos ideas auténticamente liberales. Por ello es preciso tener muy presente que el carácter social de los colombianos surge de las ideas liberales, ideas libertarias.

En la campaña presidencial del socialfascismo mockusiano, incluido algún “liberal” tránsfuga como Enrique Peñalosa, encontramos marxistas-estalinistas como Luis Eduardo Garzón; marxistas indigenistas como Sergio Fajardo, fórmula vicepresidencial; marxistas trotskistas como Salomón Kalmanovitz, principal asesor económico; marxistas nacionalistas como varios exmiembros del M-19 que hacen parte de la dirigencia del Partido Verde; etcétera.

El liberalismo clásico existe primordialmente para impedir los abusos del poder del Estado y sus leyes opresoras y para ampliar la libertad individual. Esta libertad es condición sine qua non de la verdadera creatividad. Sin libertad individual y creatividad ninguna sociedad puede prosperar y ser feliz. Con razón Aynd Rand, eminente pensadora liberal, señaló: “El secreto de la felicidad es la libertad. El secreto de la libertad es el coraje”.


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NOTAS:

1. Dalmacio Negro, La tradición liberal y el Estado. Unión Editorial, Madrid, 1995, págs. 31 y 32; 2. www.gtzparaguay.org/agenda2008.htm ; 3. www.worldlingo.com/ma/enwiki/es/Erhard_Eppler ; 4. http://www.lasillavacia.com/historia/3895 ; 5. www.visionariosporcolombia.com/apc-aa/view.php3?vid=123&cmd[123]=c-1-23 ; 6. www.semana.com/noticias-propuestas-y-perfiles/quien-rodea-antanas-mockus/138164.asx ; ; 7. www.laopinion.com.co/noticias/index.php?option=com_content&task=view&id=25130&Itemid=28 ; 8. Diana Duque Gómez, Una guerra irregular entre dos ideologías. Intermedio Editores, Bogotá, 1991, pág. 146 a 152; 9. http://notauniandina.edu.co/html/090119NuevosdirectoresenfacultadesdeCienciasSocialeseIngenieria_imprimir.php , www.cercapaz.org/index.shtml?s=a&cmd[11]=c-1-%27Con%20quienes%20trabajamos%27&als[MIGA____]=Con%20quienes%20trabajamos ; 10. www.cinep.org.co/node/411 ; 11. El nuevo clero, Ediciones Geo, Brasil, 1982, pág. 39; 12. Ricardo de la Cierva, La teología de la liberación desenmascarada. Plaza & Janes Editores, España, 1986, pág. 78; 13. www.contestandotupregunta.org/misteriosdelvaticano.html ; 14. http://library.fes.de/pdf-files/bueros/vifa-latam/c01-02513.pdf , http://es.wikipedia.org/wiki/Deutsche_Gesellschaft_f%C3%BCr_Technische_Zusammenarbeit ; 15. www.basler.denkantoesse.ch/pages/02_f.html ; 16. http://www.bogota.diplo.de/Vertretung/bogota/es/07EZ/WerWirSind/Institutionen/seiteGTZ.html ; 17. El Espectador, 18 de mayo de 2010, pág. 4; 18. http://www.transparenciacolombia.org.co/NOTICIAS/tabid/134/ctl/Details/mid/755/ItemID/165/Default.aspx ; 19. Louise Hay, Sana tu cuerpo. Ediciones Urano, Barcelona, 2007, pág. 54; 20. Dalmacio Negro, La tradición liberal y el Estado. Unión Editorial, Madrid, 1995, pág. 199.

Bogotá, 20 de mayo de 2010