14/10/09

LA DESMOVILIZACIÓN DE LA LEGÍTIMA DEFENSA Y LA ENTREGA DEL PAÍS

Diana Duque Gómez

Desde 1982, cuando, gracias al capitulante “pacifismo” del gobierno de Belisario Betancur, la liberticida subversión estalinista desató una guerra irregular utilizando la combinación de todas las formas de lucha, “legales” e ilegales, como su principal táctica para tomarse el poder e instaurar un régimen totalitario, la destrucción y el atroz desangre de Colombia no han cesado un minuto. Sin embargo, hasta la fecha ningún gobierno le ha garantizado al pueblo colombiano el sagrado derecho a la legítima defensa, un derecho natural, un derecho humano, el cual pérfidamente ha sido satanizado por esos gobiernos nefandos, a pesar de haber estado siempre consagrado en el Código Penal. Hoy, con absoluta claridad, el artículo 32 establece: “No habrá lugar a responsabilidad penal cuando se obre por la necesidad de defender un derecho propio o ajeno contra injusta agresión actual o inminente, siempre que la defensa sea proporcionada a la agresión”.

En Colombia, los grupos de legítima defensa antisubversiva surgieron de manera espontánea y exitosa en aquéllos lugares donde la población se encontraba bajo el régimen del terror estalinista, en particular en el campo, el cual nunca ha sido prioritario para la sinarquía* dueña del Estado. Estos grupos libertarios, expertos en guerra irregular, tenían prácticamente derrotado al estalinismo armado hasta que Álvaro Uribe llegó a la presidencia e inició el proceso de desmovilización de la legítima defensa. Acerca del derecho a la legítima defensa o agresión defensiva Erich Fromm, uno de los pensadores humanistas más lúcidos de nuestro tiempo, explica: “La agresividad defensiva está ‘integrada’ en el cerebro animal y el humano y tiene por misión la defensa frente a las amenazas a los intereses vitales... La agresión defensiva es biológicamente adaptativa... El objetivo de la agresión defensiva no es el placer de destruir sino la conservación de la vida. Una vez alcanzado el objetivo, la agresión y sus equivalentes emocionales desaparecen... El hombre tiende a ser motivado por su tendencia, preparada filogenéticamente (como especie), a la agresión defensiva cuando están en peligro su vida, su salud, su libertad o su propiedad...

“El animal percibe sólo como amenaza ‘el peligro claro y presente’... pero el hombre, dotado de la facultad de prever e imaginar, no sólo reacciona a los peligros y amenazas existentes sino también a los que imagine que podrían sucederle en lo futuro... Cuando un individuo o un grupo se siente amenazado, el mecanismo de agresión defensiva se moviliza aun cuando la amenaza no sea inmediata...

“Entre todas las amenazas a los intereses vitales del hombre, la amenaza a su libertad tiene una importancia extraordinaria, individual y socialmente... hay bastantes pruebas que indican que el deseo de libertad es una reacción biológica del organismo humano”(1).

Por su parte, en relación con el mismo tema y en particular con la defensa de la propiedad, el esclarecido economista Murray Rothbard en su libro La ética de la libertad, afirma: “Si todas las personas tienen derecho absoluto a sus propiedades legítimamente adquiridas, se sigue que lo tienen también a conservarlas, esto es, a defenderlas, incluso mediante el recurso a la fuerza... Afirmar que alguien tiene derecho absoluto sobre una determinada propiedad, pero no el derecho a defenderla contra ataques o invasiones, equivale a confesar que no tiene aquel derecho total que en un primer momento se le concedía.

“Además, si a todos los individuos les asiste el derecho a defender su persona y sus propiedades contra los ataques, gozan también, por pura lógica, del derecho a contratar o aceptar la ayuda de otros para hacer efectiva esta defensa...

“De nuestro análisis del tema de la defensa se desprende con meridiana claridad el derecho de todas las personas a poseer armas, ya sea para su autodefensa o para cualquier otro propósito lícito”(2).

La entrega del país que el presidente Álvaro Uribe y su falaz política de Seguridad Democrática le están haciendo al estalinismo, llamado la “izquierda”, con la desmovilización mayoritaria de los grupos libertarios de legítima defensa antiestalinista, quedó patentada definitivamente con la contundente derrota electoral que le propinó la “izquierda” al establecimiento sinárquico tradicional en la capital de la República. De esta manera el estalinismo permanece en la alcaldía de Bogotá y se consolida en la ciudad que es sede de la presidencia de Colombia y del gobierno central y el lugar donde se concentran todos los poderes, el centralismo y las grandes decisiones de la proterva sinarquía dueña del Estado. Sólo la justicia quedaría parcialmente por fuera de esas decisiones pues en su mayor parte se encuentra bajo el control del estalinismo a través de su sindicato Asonal Judicial, fundado y presidido hasta su muerte por Jaime Pardo Leal, alto jerarca del Partido Comunista Colombiano. Bogotá, además, tiene la mayor parte de la población y del presupuesto nacional.

Con el control de Bogotá; con la “izquierda” dueña también de las alcaldías de las otras dos ciudades más importantes de Colombia, Cali y Medellín –en esta última el alcalde salió elegido gracias al apoyo de Lina Moreno de Uribe, esposa del presidente-; con las FARC y otras guerrillas retomándose a sangre y fuego todas las zonas dejadas por los grupos de legítima defensa que fueron traicionados por la mayoría de sus comandantes y engañados por el presidente Uribe y la ley de Justicia y Paz, es casi inevitable que el estalinismo y su combinación de todas las formas de lucha se tome el poder del Estado en las elecciones presidenciales de 2010.

Ante la inminente conversión de Colombia en un país liberticida, un país totalitario de “izquierda” a través del Polo Democrático Alternativo, aparato ideológico-electoral donde confluyen la mayoría de los grupos de “izquierda”, entre ellos el Partido Comunista Colombiano padre de las FARC (3) –principal ejército del estalinismo-, el pueblo colombiano amante de la libertad individual tendrá que ejercer de nuevo su sagrado derecho natural a la legítima defensa o agresión defensiva en cada región de manera autónoma, solidaria y radicalmente antiestatista, para asegurar la victoria que haga de Colombia una confederación libertaria, sin sinarquía ni estalinismo, que cree así las condiciones para el desarrollo de las potencialidades de cada uno de los colombianos.
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* Sinarquía: Conjunto de personas dueñas del capital financiero, de las corporaciones, de los monopolios, de los grandes negocios y del Estado, que deciden los asuntos políticos y económicos de un país a través de ese Estado. Por naturaleza toda sinarquía es apátrida y todo Estado es mafioso, expoliador y opresor.

NOTAS

1. Erich Fromm, Anatomía de la destructividad humana. Siglo XXI Editores, México, 1977, págs. 191, 201 y 204; 2. Murray Rothbard, La ética de la libertad. Unión Editorial, Madrid, 1995, págs. 121 y 127; 3. Umberto Valverde, Colombia tres vías a la revolución, Círculo Rojo editores, Bogotá, 1973, pág.57.

Publicado en La Pluma Liberal, www.lilianafasciani.blogspot.com 18 de noviembre de 2007.

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